Caminamos juntas entre publicidad engañosa.
Los carteles tienen hologramas escondidos.
Los coches nos esquivan en el último momento, porque nos ven justo cuando están a punto de atropellarnos.
Pero son coches vacíos, no llevan conductor.
Tampoco hay nadie en las calles del centro,
aunque las luces sigan encendidas y los semáforos cambiando.
Ahora pedaleamos en silencio, sin que la rueda roce con la calzada.
No reconozco ningún detalle, ni estos jardines frente a las casas.
No encuentro referencias en esta ciudad, que se parece a la mía.
Sólo existo en los trayectos,
en el movimiento,
en el esfuerzo que se hace para conocer,
en el miedo de estar perdida.
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