VIEJA
Hablas y hablas sin parar, casi te ahogas por enlazar palabras.
¿Qué te pasa?
Cálmate, respira.
¿Qué es eso tan importante que tienes que contarme?
¿Que te estás haciendo mayor?
Pues sí.
Me he dado cuenta.
Has envejecido una barbaridad.
Te levantas con el pelo de la coronilla aplastado, como una abuela.
Y la ropa sin airear, nos huele a puchero.
Y aunque ordenes la casa, las telarañas van tejiendo los objetos que no movemos.
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