domingo, 8 de abril de 2012

FLOTANDO EN SUEÑOS PESADOS

Peso,
caigo,
reculo,
desciendo.
Ni sé dónde me adentro, pero no hay nadie.
La salida queda arriba…igual no es la única, pero es por donde entré.
Más profundo, más hondo, me sumerjo en las aguas abisales en las que nunca estuve.
Limbo amniótico.
Placenta oceánica.
Silencio y oscuridad.

Y te encuentro.

Buceamos con anclas,
que no parece, pero se mueven, porque la tierra gira.
Tú, yo y pequeños moluscos o sus esqueletos flotando.
Cascaras, medusas, algas pardas, piedras apoyadas y un fondo de arena quieta.
Cada cosa encuentra su hueco exacto, rodeándose lentamente de partículas.

Agua que hiberna con todos sus ingredientes.
Sólo veo lo que tengo cerca.
Todos los colores se simplifican en marrones.
Y los sonidos, en ruidos propios y murmullos internos.
El agua más que tamizar, es otro universo sin partes, de estaciones uniformes.
No sé si somos los últimos ejemplares de una especie casi extinta,
reliquias moviéndose con el ritmo antiguo,
o todo lo contrario.
Dos peces sin cinismo, grandes, tranquilos, pesados, lentos.
Ágiles y enormes.
Sin ironía disminuyen tanto las constantes vitales,
que me da miedo estar muerta sin saberlo.
Es peligroso como una ducha caliente.

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